Existe una soledad productiva, una que no nace de la carencia, sino de la necesidad de escuchar a nuestro propio pensamiento. Es un espacio libre de distracciones externas, donde las dudas, comienzan a crear certezas.

A menudo, avanzar requiere detenerse a examinar los cimientos y mirar hacia adentro como un proceso de ajuste necesario para reorientar el camino con precisión. No hay rastro de melancolía en quien se retira para observar mejor, o mejor dicho, la melancolía no es un estado en el que quedarse pese a que en algún momento pueda aparecer, no es este el fin, es solo algo circunstancial; hay una búsqueda de claridad, donde la soledad se transforma en un laboratorio personal donde evaluamos el mapa, ajustamos el encuadre y decidimos hacia dónde dirigir la próxima luz. Entender dónde estamos parados es un requisito indispensable para decidir con total libertad, hacia dónde queremos caminar.
Ajusto la composición, cuido las sombras, observo la luz, y entonces decido el momento adecuado. No estoy hablando de fotografía, pero también aplica para esta.

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